top of page
Buscar

Cuidarse también es parte del juego

18 ago
9 min de lectura

Aftercare: cuidar el cuerpo, la mente y las emociones después de una práctica


Cuando hablamos de petplay, BDSM, dinámicas de poder, primal play, juegos de impacto, cuerdas u otras prácticas intensas, solemos dedicar mucho tiempo a conversar sobre consentimiento, límites, seguridad y preparación. Sin embargo, hay una parte de la experiencia que a veces recibe menos atención: ¿qué pasa cuando el juego termina?


El final de una sesión no significa necesariamente que nuestro cuerpo y nuestra mente hayan terminado de procesar lo que acabamos de vivir. La intensidad puede disminuir poco a poco, y con ella pueden aparecer cansancio, hambre, sed, frío, sensibilidad emocional, necesidad de contacto o, por el contrario, ganas de estar a solas. Acompañar ese momento también es parte de una práctica responsable. A esto lo llamamos aftercare.


Este fue el tema de la charla “Cuidarse también es parte del juego”, presentada por Antra y Spark durante el Encuentro 24/7 2026. La propuesta fue acercarnos al aftercare desde una mirada amplia, útil tanto para quienes están descubriendo estas prácticas como para pets, handlers, cuidadores, Tops, bottoms, Doms y demás personas que llevan tiempo formando parte de nuestras comunidades.



¿Qué es el aftercare?

Cuando escuchamos la palabra aftercare, probablemente pensemos en agua, abrazos, chocolate, descanso, conversación o cariño. Todo eso puede formar parte del aftercare, pero el concepto es mucho más amplio. Podemos entenderlo como:

El conjunto de acciones, acuerdos y cuidados destinados a favorecer la recuperación física, emocional y mental de las personas involucradas después de una práctica o experiencia intensa.

La palabra clave aquí es conjunto. No existe una única acción que convierta algo automáticamente en aftercare. Para una persona puede significar recibir un abrazo y quedarse conversando; para otra, tomar agua, comer algo y descansar en silencio. Alguien puede necesitar espacio inmediatamente después y preferir conversar unas horas más tarde.

Lo importante no es cumplir con una receta, sino responder a las necesidades reales de quienes participaron.


Por eso, el aftercare también puede acordarse previamente. De la misma manera que hablamos de límites, señales de seguridad y expectativas antes de jugar, podemos conversar sobre cómo queremos ser cuidados después.

  • “¿Quieres abrazos o prefieres espacio?”

  • “¿Quieres hablar ahora o más tarde?”

  • “¿Quieres que te escriba mañana?”

Estas preguntas pueden ser mucho más útiles que intentar adivinar qué necesita la otra persona.


Y hay algo especialmente importante: necesitar aftercare no significa que algo haya salido mal. Una experiencia puede haber sido positiva, consensuada y disfrutada y, aun así, dejarnos cansados, sensibles o emocionalmente removidos.

El objetivo del cuidado posterior no es “arreglar” a alguien, sino acompañar la transición hacia un estado de mayor equilibrio.


El aftercare no es solo para quien recibe

Existe una idea bastante extendida de que el aftercare está dirigido principalmente a la persona sumisa, receptiva o que recibe la práctica. Pero el desgaste no depende únicamente del rol. También puede necesitar cuidado quien dirige una escena, quien sostiene el control, quien realiza un esfuerzo físico importante, quien acompaña emocionalmente a otra persona o quien asume la responsabilidad de cuidar durante una experiencia.


Por eso podemos hablar de Sub Drop, pero también de Dom Drop, Top Drop o Handler Drop. Aunque las experiencias pueden ser diferentes, todas tienen algo en común: sostener, dirigir y cuidar también consume energía. El cuidado, entonces, no debería entenderse como algo que fluye en una sola dirección. Todas las personas involucradas pueden necesitarlo.



No es exclusivo del BDSM

Aunque el término aftercare tiene una fuerte presencia histórica dentro de las comunidades BDSM y Kink, las necesidades que describe pueden aparecer en muchos otros contextos.

En petplay, puppy play, kitty play, primal , juegos de impacto, cuerdas, wax play, roleplay, dinámicas de poder, performances y otras experiencias intensas pueden existir necesidades físicas, emocionales o psicológicas posteriores. Incluso fuera de las prácticas alternativas encontramos procesos similares de recuperación después de actividades exigentes.


La idea de fondo es sencilla:

cuando una experiencia nos lleva a un nivel elevado de intensidad, es posible que necesitemos tiempo y cuidado para regresar a nuestro estado cotidiano.


Cuando baja la intensidad

Durante una experiencia intensa, nuestro cuerpo no permanece en reposo. Se activan diferentes mecanismos que participan en nuestra respuesta al estrés, la atención, el placer, la motivación y la conexión.


En la charla utilizamos una pequeña metáfora para entenderlo: imaginemos que nuestro cuerpo es un teatro.

Durante la sesión, el escenario se llena de personajes. La adrenalina llega con energía y ayuda a preparar al cuerpo para responder; las endorfinas participan en la modulación de la percepción del dolor y pueden contribuir a una sensación de bienestar; la dopamina participa en los sistemas de recompensa, motivación y placer; la oxitocina está relacionada con el vínculo, la confianza y la cercanía; y el cortisol participa en la respuesta ante situaciones exigentes y ayuda a mantener disponible la energía que necesitamos.

Mientras la experiencia continúa, todos estos procesos pueden estar ocurriendo al mismo tiempo.

Pero llega el momento en que termina la función...La adrenalina se retira, las endorfinas dejan de cumplir el mismo papel, la sensación de recompensa disminuye y el organismo comienza a reducir progresivamente su nivel de activación.


Y es entonces cuando podemos notar cosas que durante la intensidad habían pasado desapercibidas: el cansancio que no sentíamos, el dolor que no habíamos identificado, el hambre que habíamos ignorado o emociones que habían quedado temporalmente en segundo plano.


Nuestro cuerpo no tiene un interruptor que permita pasar de intensidad máxima a calma absoluta. Necesita una transición.

¿Qué podemos sentir después?

Cada persona puede vivir esa transición de una manera diferente. Algunas personas terminan una sesión sintiéndose relajadas y felices. Otras pueden sentir cansancio, sueño, hambre, sed, frío o necesidad de contacto. También puede aparecer la necesidad de silencio, alegría intensa, euforia, tristeza, irritabilidad, confusión, sensación de vacío o ganas de llorar.


Ninguna de estas reacciones, por sí sola, nos permite determinar cómo fue una experiencia. Una persona que llora no necesariamente está triste. Alguien que permanece en silencio no necesariamente está molesto. Quien quiere estar solo no necesariamente está rechazando a quienes estuvieron con él. Y alguien que se muestra eufórico inmediatamente después puede estar experimentando todavía la intensidad de la sesión.


Aquí aparece una de las herramientas más importantes del aftercare: preguntar.



Drop: cuando aparece un descenso

Dentro de las comunidades BDSM, Kink y Pet Play utilizamos el término drop para describir un descenso físico, emocional o mental que algunas personas experimentan después de una experiencia intensa. No ocurre siempre, no se manifiesta igual en todas las personas y puede aparecer inmediatamente o varias horas, e incluso uno o dos días después.

En una persona que estuvo en un rol receptivo o sumiso puede hablarse de Sub Drop. Puede aparecer cansancio, sensibilidad emocional, tristeza, necesidad de afecto, confusión o vulnerabilidad.


Pero quienes estuvieron en posiciones de dirección o cuidado tampoco están exentos. Un Dom, Top o Handler puede experimentar agotamiento, dudas, sensación de vacío, preocupación o necesidad de apoyo después de haber sostenido una experiencia intensa.


En Pet Play también puede aparecer lo que llamamos Pet Drop o una dificultad para regresar del headspace o del rol a las responsabilidades cotidianas. Después de un estado mental muy inmersivo, la vuelta a la vida diaria puede sentirse brusca, y el aftercare puede ayudar a hacer esa transición más amable.


Tres ideas que conviene recordar:

  1. Tener Drop no significa necesariamente que algo salió mal, puede aparecer incluso después de una experiencia muy positiva.

  2. El Drop no es exclusivo de las personas sumisas, cualquier persona involucrada puede experimentarlo.

  3. No todas las personas tienen Drop, algunas nunca lo experimentan y otras pueden vivirlo solamente en determinadas circunstancias.


Por eso es importante no convertir el Drop en un diagnóstico automático de lo que ocurrió durante una sesión.



No somos adivinos: somos acompañantes

Uno de los ejercicios de la charla partía de una pregunta sencilla: ¿Somos adivinos o detectives?


Imaginemos que un Puppy participa en una sesión que disfruta muchísimo, se despide sonriente y después deja de responder mensajes durante dos días. Podríamos pensar inmediatamente que está teniendo un Drop, pero también podría haberse quedado dormido, estar trabajando, haberse quedado sin batería, necesitar tiempo a solas, estar procesando la experiencia o sentirse emocionalmente saturado. No tenemos suficiente información para saberlo.


Lo mismo ocurre con alguien que llora después de una sesión. Puede estar triste, pero también puede sentir alivio, cansancio, felicidad, vulnerabilidad o una mezcla de emociones.

Incluso cuando alguien parece estar perfectamente bien, seguimos sin poder saber exactamente qué está ocurriendo dentro de esa persona.


Una conducta nunca cuenta toda la historia.

El aftercare no consiste en interpretar personas ni en convertirnos en expertos capaces de descifrar cada gesto. Consiste en observar, comunicarnos y preguntar.

No necesitamos ser genios que adivinen lo que sienten los demás, necesitamos atrevernos a preguntar.



El cuerpo también necesita aftercare

El cuidado posterior no es únicamente emocional, después de una práctica intensa, también debemos prestar atención a las señales del cuerpo. Durante la sesión podemos estar bajo distintos niveles de activación y no notar inmediatamente determinadas molestias o cansancio. Cuando la intensidad disminuye, estas señales pueden hacerse más evidentes. Por eso no existe una lista universal de cosas que debamos hacer después de jugar.


Una sesión tranquila de Pet Play probablemente tendrá necesidades diferentes a una práctica intensa de impacto o a una sesión de cuerdas.

La pregunta más útil no es:

  • “¿Qué se hace siempre después de jugar?”

sino:

  • “¿Qué necesita mi cuerpo después de esta experiencia?”


En los juegos de impacto, por ejemplo, puede ser importante hidratarse, observar las zonas de impacto y prestar atención a las marcas o molestias que aparecen posteriormente. Algunas marcas pueden hacerse visibles varias horas después, por lo que el cuidado no necesariamente termina cuando abandonamos el espacio de juego.


En prácticas con cuerdas, especialmente cuando existe suspensión, debemos prestar atención al movimiento, la sensibilidad, la circulación y los cambios de color o temperatura en la piel. Si una molestia, entumecimiento o pérdida de sensibilidad persiste o empeora, es importante buscar valoración médica.


En Pet Play, el cuidado puede centrarse en zonas que hayan recibido carga física, como rodillas, muñecas o espalda, además de la hidratación, alimentación y transición fuera del rol. Retirar el gear lentamente puede ayudar a marcar ese cambio de estado, y limpiar y revisar los elementos utilizados también forma parte del cuidado de la práctica.


En Primal, donde puede existir una gran descarga de energía, puede ser útil permitir que el cuerpo reduzca gradualmente su nivel de activación, recuperar una respiración tranquila, caminar lentamente, hidratarse, relajar la musculatura y revisar posibles raspones o pequeñas lesiones.


La conclusión es la misma en todos los casos:

el mejor aftercare físico no es el más completo; es el que responde a las necesidades reales del cuerpo después de cada práctica.


El ciclo del cuidado

Si el aftercare es tan importante, ¿por qué esperar hasta que termine la sesión para empezar a cuidar?


En realidad, el cuidado comienza mucho antes. Podemos pensar en un ciclo de cuidado compuesto por cuatro momentos: beforecare, midcare, aftercare y check-in.


Beforecare: preparar

Antes de jugar, preparar el cuerpo y la mente también es una forma de cuidado. Descansar, comer e hidratarse adecuadamente, conversar sobre límites y expectativas, establecer señales de seguridad y revisar cómo se encuentra cada persona ayuda a crear mejores condiciones para la experiencia.

Y hay una decisión que también forma parte del cuidado: decidir no jugar. Si alguien está muy cansado, enfermo, emocionalmente sobrepasado o simplemente no tiene disposición para participar, posponer la práctica es completamente válido.


Midcare: cuidar mientras sucede

El cuidado continúa cuando comienza la práctica. Hacer pausas, observar la respiración y el lenguaje corporal, utilizar las señales acordadas y comprobar que los acuerdos siguen siendo válidos son formas de mantener presente el cuidado durante la experiencia. El consentimiento y el cuidado no son acuerdos que se realizan una sola vez, son conversaciones y acciones continuas.


Aftercare: acompañar el regreso

Cuando termina la práctica comienza la transición hacia el estado cotidiano.

Es el momento de escuchar qué necesita el cuerpo, qué necesita la mente y qué necesita emocionalmente cada persona. Puede ser descanso, conversación, alimento, hidratación, contacto, silencio, espacio o simplemente compañía.


Check-in: continuar preguntando

Finalmente, el cuidado puede continuar después de la despedida.

Cuando existe un vínculo continuo, un mensaje al día siguiente puede ser una herramienta sencilla y poderosa:

  • “¿Cómo amaneciste?”

  • “¿Cómo te has sentido desde la sesión?”

  • “¿Hay algo que quieras comentar?”

  • “¿Hay algo que podamos mejorar para la próxima vez?”


No todas las relaciones necesitan el mismo tipo de seguimiento. Sin embargo, cuando existe un vínculo continuo, estos pequeños gestos pueden fortalecer la confianza, permitirnos detectar necesidades que no fueron evidentes al terminar y aprender de cada experiencia.




Cuidarse también es parte del juego

El aftercare no es una obligación que debamos cumplir de una determinada manera ni una fórmula que funcione para todas las personas. Es una oportunidad para preguntarnos qué necesitamos y para aprender a preguntar qué necesitan quienes comparten una experiencia con nosotros.


Una persona puede querer un abrazo. Otra puede necesitar espacio. Alguien puede querer hablar durante horas y otra persona puede preferir comer algo, quitarse el gear, darse una ducha y dormir. No hay una única forma correcta de cuidar. Lo importante es que exista comunicación suficiente para descubrir cuál es la adecuada en cada momento.


Por eso, el aftercare no debería entenderse como el último paso de una sesión. Es una parte de un ciclo mucho más amplio: preparamos antes, cuidamos durante, acompañamos después y, cuando corresponde, volvemos a preguntar.


La intensidad no necesariamente termina cuando termina el juego. El cuerpo y la mente pueden continuar procesando la experiencia. El aftercare es el puente que nos ayuda a recorrer ese regreso y quizá su verdadero propósito no sea evitar todas las emociones difíciles.

Quizá sea algo más sencillo:

asegurarnos de que nadie tenga que atravesarlas en soledad o sin las herramientas necesarias.

Cuidarnos también es parte del juego y cuando hacemos del cuidado una práctica compartida, también estamos construyendo la clase de comunidad en la que queremos jugar, explorar, aprender y acompañarnos.



Descubre más recursos complementarios de aftercare en nuestro grupo "Recursos y Recomendaciones"



Esta entrada adapta de los contenidos de la charla “Cuidarse también es parte del juego”, presentada por Antracita y Spark en el Encuentro 24/7 2026.


Publicado por Antracita, gestora de PetPlay Bogotá.

1 comentario


Miembro desconocido
18 ago

Espero puedan puedan disfrutar mucho de esta lectura ✨

Si tienes preguntas o aportes adicionales con gusto las puedes dejar en un comentario.

Me gusta
  • Whatsapp
  • Instagram

© 2025 by Antracita. Powered and secured by Wix

bottom of page